Misión · 12–15 años · 25 minutos
Negociar
«A las once y media.» «¡A la una!» Al final, a las doce, y nadie contento. ¿Había algo mejor?
Qué se aprende
- La diferencia entre lo que se pide (posiciones) y lo que se necesita (intereses)
- Por qué partir la diferencia a veces deja peor a todo el mundo
- Buscar opciones en las que ganan los dos y decidir con criterios justos
- Saber qué harás si no hay acuerdo, para no aceptar cualquier cosa
Seguridad: Negociar es buscar un acuerdo, no ganar a toda costa. Si alguien te presiona, te amenaza o te pide algo que te hace sentir mal, eso no es negociar: di que no y cuéntaselo a un adulto de confianza.
Fuera de la pantalla
Actividades opcionales. La primera funciona mejor si participa toda la familia.
Una negociación de verdad
Elige algo pequeño que negociar en casa: una hora, el menú del sábado, el plan del domingo. Antes, apunta tus intereses, los que crees que tienen los demás y tu plan B. En la conversación, pregunta, proponed al menos tres opciones y elegid con un criterio que valga para todos.
- ¿Qué necesitaba de verdad cada persona?
- ¿Salió alguna opción que nadie había pensado al principio?
Detective de negociaciones
Durante una semana, fíjate en las negociaciones a tu alrededor: en una serie, en el recreo, en casa. ¿Hablan de posiciones o de intereses? ¿Alguien parte la diferencia? ¿Alguien amenaza o mete prisa?
- ¿Qué negociación te llamó más la atención?
- ¿Qué opción mejor podrían haber buscado?
Para acompañar en familia
Preguntas para hablar después
- ¿Qué es lo último que hemos negociado en casa? ¿Cómo acabó?
- Cuando no estamos de acuerdo en una hora o un permiso, ¿qué necesita de verdad cada uno?
- ¿Qué criterios os parecen justos para decidir cosas en casa?
Qué observar
- Si pregunta qué necesitáis antes de defender lo que pide.
- Si propone varias opciones en lugar de una sola.
- Si busca razones que valgan para todos (un horario, lo que funcionó otra vez) en lugar de «porque sí».
Solo para adultos
- Negociar con vuestros hijos no es renunciar a decidir: hay cosas que no se negocian, como la seguridad, y se puede decir así. Pero contar qué os preocupa de verdad les enseña a buscar soluciones con vosotros.
- Lo que más enseña es el ejemplo: preguntar qué necesita cada uno, proponer opciones y cumplir lo acordado.
- Si veis que entre adolescentes alguien presiona, amenaza o chantajea para conseguir algo, eso no es negociar: conviene hablarlo.
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